Hablar del terror como género aislado es reducirlo a un sobresalto. El terror, como forma narrativa, funciona mejor cuando se concibe como dispositivo emocional, psicológico y simbólico. En la historia moderna de este género, tres autores han sido decisivos no solo por su producción literaria, sino por la solidez con la que sus obras han dialogado con el lenguaje audiovisual: Stephen King, Richard Matheson y Clive Barker.