martes, 10 de mayo de 2011

El guionista que no servía “para esto”


Hablando con una amiga sobre este tema, ambos coincidíamos en que no hay ni un sólo guionista que no haya considerado en alguna ocasión que no vale para esto y que tarde o temprano será descubierto. Quien no haya pasado por ahí o no es guionista o se está engañando a sí mismo.” Extraído de zeroneuronas.
¿Qué nos hace continuar en esto si un guión tiene un 10% de posibilidades de realizarse? Y además está escrito por gente como yo o como tú, más insegura imposible.
El otro día me llegó un mail: “Llevo varios meses escribiendo un guión y no paso del minuto 33, dime, ¿acaso no sirvo para esto?, porque la frustración se está apoderando de mí.”  Vas bien, un guión se tarda de media en escribir dos años-, le contesté yo. Paciencia, ama lo que haces. Sin amor a las historias y a los personajes este trabajo es una estupidez: un lioso y cansino juego para niños grandes.
El tema de la seguridad en uno mismo a la hora de narrar es primordial. Más importante que el repetido hasta la saciedad “saber venderse”. Una historia se hace de 0 a 100, de la nada al todo, es un maravilloso acto de creación, de magia y alquimia, pero los dos ingredientes básicos son el tiempo y la escritura.
El tiempo que le implicas en el pensamiento: acostarse y levantarse con la idea es síntoma de que ahí hay algo, cuanto menos una obsesión y de eso se hacen las pelis… Y tiempo para sentarte con tus isquiones en la silla y echarte pa’lante, pa’trás, que te salga joroba si hace falta, pero como castigo de infante, hasta que no escribas no te levantas. Sentarse es metáfora, muchos escritores escribimos de pie y a veces ni tocamos el teclado, jugamos con las ideas y las palabras en voz alta y en el aire, como actores
Inseguridad, ufff, y si encima eres mujer qué horror, pero de eso hablaremos en un próximo artículo.
¿Querer es servir? Todo se aprende. Querer es querer y servir viene después de aprender. ¿Obras son amores? Escribir es un acto de amor, por tanto mis guiones, mis obras, son mis amores. Uno debe echarse porras como se dice en México, si no te lo crees tú, si no te masturbas, nadie lo hará por ti.  Todo es aprender, ¿aprendí a morir? Meros juegos del lenguaje, si morir sólo se hace una vez es imposible aprender a hacerlo. Para aprender hace falta repetición, ensayo, mejoría, darle a la pelota mil veces antes de chutar a gol.  A escribir se aprende, y a no frustrarse y servir, también.
Pero cuando creas que no sirvas para escribir no te conviertas en pura miel, por favor. La dulzura en exceso empalaga y produce diabetes creativa, puro engorde sin sustancia. Ser pura miel es ser meloso y complaciente con uno mismo y con esa obra que se resiste. Maltrátala antes que ser acuoso hasta el lloro, ególatra pero por defecto.
Pongamos por ejemplo que me hallo escribiendo un guión mexicano que versa sobre las mujeres, si mi guión fuera de género femenino (una “guiona”) y yo no consiguiera ponerla de mi lado (ligármela, escribirla) ésta me imagino que diría:
“…pues mira: para empezar a mí no me gustan los escritores que son pura miel sobre hojuelas. Hazte el gracioso y pues a veces trata de hacerme sentir un poquito mal.  Dije un poquito, eh? Ojo, yo soy una guiona muy, muy rara y eso te lo puedo hasta  firmar. Y no sé, me atrae de un guionista que sea muy alejado, que casi no escriba, y cuando lo haga que sea lindo y gracioso. Manchado (pero sin perder lo gracioso) y que trate de abrazarme MUCHO. Ese es mi escritor perfecto. Además, no apresures mucho las cosas, ni los actos, ni las palabras, ni lo que pueda suceder conmigo. Va, SUERTE, espero y te sirva.”
No servir no se puede. Aunque suene cursi y de parvulario. Todos tenemos mil problemas y muy pocas soluciones, o sólo una de ellas: CAMBIAR. De hecho cualquier guión o historia es una serie de cambios enlazados por unos personajes que inciden en mayor o menor medida en esos cambios, que a veces no sirven de mucho y todo acaba igual, pero ése es otro tema. Que un guión son cambios encadenados con un sentido unitario de historia, eso no me lo puede negar nadie. A no ser que provenga del mundo del arte contemporáneo, que esos más que amor por las historias tienen amor por…no los voy a juzgar. J
Si soy un vago, me esfuerzo y escribo. Si estoy deprimido, lloro y escribo. Si estoy estreñido (o tengo diarrea) me siento en la taza del excusado, también conocido como WC, y escribo. Y si no escribo es porque no tengo nada que decir. Y me callo y pienso…en escribir algo nuevo: imagino.
            La verdad es que como los guionistas sólo servimos para escribir (con sus excepciones) cuando pensamos que no servimos sentimos que no servimos para nada. Cuando era actor o me manejaba como tal, el enfrentamiento con la frustración del no SER (hervir) era algo común, vulgar y diario. Hace años hubo un tiempo en que hacía una media de tres a cinco castings al día y el NO era el camino. En cambio para un guionista que se tarda meses o años en escribir una peli, el no adquiere un peso que no tiene para el actor, al menos en primera instancia, recién recibes ese no.
Llevo una década escribiendo guiones, y pon tú que de cada diez posibilidades de trabajo, o sea, escribir para tele o cine, ocho dieron como resultado un NO si no rotundo, sí alargado en el tiempo. Y con la variable anquilosada de que me salen un par de oportunidades o tres de trabajar al año, pues frente a las tres diarias que tenía en la actuación, echa tú las cuentas del peso del no. El NO también es el camino del guionista, a fatua conclusión llego.
Pero tú y yo sabemos que NO tiene por qué ser siempre así. Un actor si se crea él mismo el trabajo (es lo que acaban haciendo todos más tarde o más temprano) tarda por lo menos un año también en pensar la idea, escribir el texto, improvisarlo, ensayarlo y estrenar el monólogo de turno. Está igual de expuesto al rechazo, al no sirvo para esto igual que nosotros. Y eso que nosotros sólo hemos de sentarnos y escribir.  
¿Y si realmente no servimos para esto, si nuestras historias no sirven, o sea, no tienen el éxito de público esperado? A eso se le llama fracaso. La respuesta es, qué coño importa, a otra cosa, a otra historia. Hagamos la próxima mejor. Pensarla más y reescribirla serán nuestras herramientas. Hasta la saciedad. O si ése fue el método anterior que nos llevó a fracasar, cambiemos: dejemos que las historias surjan, no las controlemos, seduzcámoslas. El amor está por medio, y el éxito también.  Reinventar es parte importante del juego. Cambiar y reinventar.
Pero admitámoslo: hasta en los guionistas hay clases. Y no es lo mismo trabajar en México por 300mil pesos que trabajar en Estados Unidos por tres millones de dólares. Chicos, siento deprimiros, no me lo tomen a mal, no es nada personal. Se lo dice un principiante. ¡La humildad ante todo! (Aunque sea falsa)

5 comentarios:

Anónimo dijo...

woo es bueno saber que tal inseguridad no es sólo de uno, jeje aunque mal de muchos... pero ese es otro tema, lo importante y valioso de lo que acabo de leer es que ahora sí que no sólo me has entretenido o compartido conocimiento, me has llegado con seriedad y hasta dejado reflexionando, gracias! y ps a escribir!! :) RGB

El inquilino dijo...

Muchas gracias por tu comentario Mr. RGB, que tienes nombre de tipo de color, tío! Y me alegro que te sirva para algo nuestra reflexión. Escribir sí, pero también coger, no¿??

acayala dijo...

No se por qué, pero leyendo tú post he recordado esto:

http://www.roncandoenelnostromo.com/2009/03/blog-post_31.html

A veces, el no, viene por que sencillamente perteneces al país "equivocado"

El inquilino dijo...

Gracias Andreu. Ya conocía el triste suceso que ha marcado para siempre y para mal, la relación de los guionistas españoles con las pelis de animación.. A veces el país equivocado es la familia equivocada, la pinta equivocada y el cerebro del revés.

Anónimo dijo...

còmo se hace un escritor?

Primero que nada, naturalmente, se necesita escribir. Despuès de que, se necesita continuar a escribir, aunque cuando no interesa a ninguno. Aunque cuando se tiene la impresiòn que nunca interesarà a ninguno. Aunque cuando los manuscritos se acumulan en los cajones y se olvidan continuando a escribir otros.

fragmento de "La analfabeta" de Agota Kristof

Gracias por el encuentro en el mundo del no servir para esto.
Giorgina, gigi...

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