jueves, 29 de mayo de 2014

¿Existe la amistad entre guionistas?

Los escritores somos seres terriblemente individualistas, y si me apuran, bastante egoístas también. Cosa normal, pues aunque la realidad sea fuente de inspiración, el ego siempre es y será fuente de creación. ¿Pero qué pasa cuando tu mundo gira y se centra cada día más en el arte contar películas con palabras, qué pasa cuando tus colegas de profesión son tus amigos, y viceversa? La mayor de las veces, uno está abocado a una inevitable y parece que hasta pretendida… soledad.

Mi amigo y claro está, guionista, Manuel Romero, aspañol emigrado hace ahora un par de años a estas tierras de la bella picaresca mexicana, hizo lo posible y lo imposible para verse beneficiado por mí. Obteniendo casa, comida, trabajo, nuevos amigos, amantes… casi nada: una nueva vida. Cuando tuvo todo ello, cuando todas sus necesidades se habían tornado gratas comodidades, empezó a ignorarme. Yo admito ser una persona un poco sentida si veo que no me agradecen lo que se debe, ése es mi problema, mi cruz y mi sino. Pero con Manuel, ya saben, de la noche a la mañana amiguitos que ya no son amiguitos a los ojos de otros amiguitos que es evidente que nunca lo fueron.

De nada había servido que mi propia madre (sí, ésa que trae al mundo desgraciados guionistas como yo), me advirtiera asegurando: “Con Manuel estás empujando la competencia a la puerta de tu casa”; o sea, que me la iba a clavar, me la iba a hacer al salir, ¿qué egoísta es pensar así, no? Por eso, a mi querida madre no le hice ni caso. Sin embargo, tiempo después, cuando mi amigo Manuel empezó a establecerse laboral y económicamente en este país, vino a visitarle su madre. Cuál fue mi sorpresa el día que su propia progenitora, esperpénticamente celosa de mí, puso mala cara y me increpó como increpan las señoras cuando olvidan su educación: "Tú no eres su amigo, tú eres competencia para mi hijo…" Sana amistad recubierta por el más frío interés.

Mi amigo Alfonso Fernando Yánez, guionista, claro está, y millonario mexicano hijo de millonarios de Polanco, es una persona bastante agarrada, codo, tacaño para que nos entendamos. Pero igualmente se le quiere: su talento para escribir es lo mejor que tiene, y aunque él no lo crea, lo único, pues amigos, lo que se dice amigos, muchos no posee, pero los pocos hasta el día de hoy le apreciamos… por su talento.

Un día escribí un guión de largometraje para él, me pagó como un 50% de lo correspondiente dejando el resto a cuenta, y le dije: “somos amigos, no voy a discutir contigo por dinero”. Así que decidí esperar a que vendiera o realizara ese guión. Pasaron los años, uno, dos, tres, cuatro y acercándose al quinto, una grave crisis económica entró en mi vida (eso es lo que tiene padecer el capitalismo), así que en un acto de paciente orgullo que maquilla una oculta desesperación, decidí hablar con mi amigo Alfonso y preguntarle si era posible que me pagara algo de lo que me debía. Con la parquedad y el dinero agarrado en la mano cual productor de cine sin serlo, me dijo: “IMPOSIBLE…”  ¡Coño, que no tengo ni para el Metrobús! Pero para qué la vamos a hacer de pedo, para qué la mala sangre, así es esto de la amistad entre guionistas.

En este punto de relato, una pequeña reflexión: Vivimos en una época de individualismo tal, que dos artistas que comparten la misma cela creativa, se ven irrevocablemente destinados a la soledad. A una yerma soledad entre seres, no a la soledad que uno elije para escribir… Ésa todavía nos queda y nos aguarda, es buena, clemente y por qué no, deseada.

Ejemplos de interesada amistad entre guionistas hay muchos, pero vayamos terminando ya. Al final, ¿para qué mancillar el sustantivo amistad si sólo son negocios (muchas veces llenos del buenrollismo que oculta la falta de recursos)? Negocios, o sea, negaciones del ocio, todo lo contrario a lo que hacen un par de amigos.

Mariana Cifuentes Ybarra, es parte del alma creativa y guionística de la cultura mexicana. Su fuerte: las telenovelas, pero no sólo eso, también están las obras de teatro, las óperas, las asesorías de guión, la enseñanza y la herencia literaria de su madre, ella sí hizo historia, ella sí fue grande con mayúsculas. Ella llevó de la mano a la Historia de la televisión de este país.

Mariana es una socialité de altos vuelos, del standing de las alturas escriturales, no puede estar sola, en su casa siempre hay fiesta y sobre todo, escritores. Una gozada cuando uno se conforma con la amistad en su fase más epidérmica; todo lo contrario si uno se quiere zambullir en la zona más íntima y creativa, de escritor a escritor, con ella. Mariana no sabe estar sola, pero sobre todo, a Mariana le encanta discutir, pelear, jalar de los pelos de aquellos que por un rato (hasta que el maltrato es evidente) considera sus amigos. Mariana tiene amigos para coleccionar enemistades… literarias.

¿Y yo que tanto hablo, qué? Yo escribo guiones, yo escribo sobre guión, yo he generado con más gente una comunidad de guionistas hispanohablantes en blogs y redes sociales, yo poseo miles de “seguidores, colegas, lectores”, miles de visitas, ¿pero cuál es el saldo de amigos entre todos ellos? Un saldo negativo. Como en las matemáticas de secundaria, yo empiezo a contar desde 0 y sigo: -1, -2, -3, -4… Por suerte ya no organizo fiestas “de amigos”, así no entristezco hasta al vecino con mi cruda soledad.

La envidia, la competencia, la falta de seguridad en uno mismo y sobre todo el maltrato que uno da y recibe sobre lo que escribe, menudo caldo de cultivo más espeso y fétido para las artes de la mala amistad entre guionistas.

Pero no hay que tirar la toalla ni enarbolar las cánticas del pobrecito de mí, esto es así y por encima de todo, lo saben, está la escritura. Aunque no habrá paz para los culpables, no habrá perdón para los orgullosos y no habrá pago para los traidores, siempre habrá pequeñas dosis de amor cuando un guionista pasa un rato con otro guionista, quizás el problema es sencillo y se resuelve con simple: no somos amigos, pero nos queremos. Sí, tantito amor sí habrá, diseminado en pequeños momentos de dicha o felicidad generado al hablar de pelis, de libros, de chismes… de proyectos: cuando hablamos mal de los productores y los directores, y bien de nosotros sin hablar de nosotros mismos. Puro incesto, pura monogamia, pura consanguineidad intelectual.

Lo agridulce se torna luz cuando la admiración cultural aflora. A ella poco le importa si estamos solos o con amigos, con vida o con poca vida, para ella sí existimos.

Los amigos van y vienen, la escritura permanece. 

8 comentarios:

Daniela dijo...

podría decir que es más el ego al trabajo que a las letras, quien tiene bien claro que su trabajo es escribir para que otros interpreten e idealicen, los comentarios por el ser o el pertenecer están a la órden del dia, desgraciadamente está devaluado el trabajo del guionista, que hace que se haga más competitivo. Sin embargo creo que está en la madurez personal que tanto en el perfil del guionista, conozco algunos guionistas o creativos que necesitan tener una "facha" para sentirse como tal, vivir en ciertas zonas de la ciudad para "pertenecer". La capacidad de pertenecer debería ser en las historias, es ahí donde los guionistas pertenecemos, no al mundo real, siempre tendremos estrellitas en la mente y nos refugiaremos en la catarsis de transportar lo mental a lo textual. Difícil comprensión pero creo que podría existir una amistad si se tiene claro quien es como persona, si saben a donde ir, y apesar de ser solitarios debemos VIVIR

El inquilino dijo...

Un amigo mío, cineasta, decía hace tiempo: una cosa son amigos y otra amigos de cerveza. Con los amigos se refería a los que no se decican al cine y con amigos de cerveza a los que sí... Sabemos que son oficios difíciles, pero muchas veces nosotros las hacemos más difíciles.

Anónimo dijo...

Una llega a este blog con ganas de leer sobre guión pero hoy me encuentro con un texto que no sé cuánto tiene que ver realmente con el guión. Me invade cierta tristeza al pensar en su situación. Saldo negativo en relación a amistades, ¿es realmente el mundo del guión tan despiadado? ¿le sucede lo mismo con personas no guionistas? ¿obligarse a la soledad le convierte en mejor guionista? No quiero ser guionista si tiene que ser así. Habla mal de unos cuantos guionistas sin explicar gran cosa pero no encuentro en ninguna parte que hable de otros guionistas que sí se hayan portado bien con usted. Es un panorama tenebroso. Por todo esto percibo una actitud victimista, todo el mundo contra usted. Y también un ego desmedido por las veces que aparece la palabra YO en sus últimos párrafos. Si tiene tantos problemas con tanta gente, ¿no tendrá usted algo de culpa? Es lo que pienso cada vez que cambio de depa, es una de mis preguntas para entrar o buscar otro depa "¿qué tal con sus anteriores roomies?" Si me hablan mal de todos, me lanzo a buscar otro depa.
En fin, disfruto mucho de sus artículos relacionados con guionismo pero este artículo está más en la línea de Laura Bozzo que de Gibrán Ramírez. Ojalá esta incursión en el papel couché no sea más que un desliz.

El inquilino dijo...

Señora, este blog se carateriza por hablar de guión y de l*s guionistas. En él hay artículos ególatras y victimistas, como usted los llama, y también articulos luminsos y reveladores. Hay de todo. La invito a bucear por las publicaciones anteriores (llevamos casi 4 años publicando) y darse una idea más acertada del blog y lo que en él se escribe. Sólo me queda agradecerle su tiempo al leernos (pues no olvide que también encontrará artículos de distintas plumas) y desearle una feliz vida, sea o no sea o quiera ser o no ser, guionista. Saludos.

Visitante R dijo...

Yo creo que se da en todas las profesiones. Sustituyamos "guionista" por oficinistas/burócratas/empresarios, etc. y sucede lo mismo.

Se me ocurre que Glengarry Glen Ross funcionaría igual con guionistas que con vendedores.

El inquilino dijo...

SI son oficinistas como los de Mad Men, segudo, ;)

Nacho dijo...

No mames, me pegó todo el artículo, igual no puedo decir que totalmente me identifico, pues voy empezando . . . pero desde ya, noto a mi alrededor con mis contemporaneos éste tipo de ambiente, y me parece tan . . . triste.

En fin, por algo escogemos ésta profesión.

El inquilino dijo...

Justo hace un par de días organizamos una charla de Ángel Mario Huerta, un guionista mexicano que trabaja en Los Ángeles, y hablamos de ese tema, de cómo allá el colectivo de guionistas está unido y se apoya, y de cómo aquí es todo lo contrario... Sí, una triste realidad, hispanohablante. :/

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