jueves, 13 de marzo de 2025

Si no dominas la escena, no tienes guion

Las escenas son el componente más esencial dentro de la escritura de un guion cinematográfico, ya que constituyen la base sobre la que se edifica toda la narrativa. En última instancia, escribir un guion es un proceso que gira en torno a la construcción de escenas, pues aunque se tengan personajes fascinantes, diálogos brillantes y una trama bien estructurada, si las escenas no funcionan por sí mismas, el conjunto narrativo se desmorona. Y como cualquier otro elemento dentro de la dramaturgia, las escenas tienen su propia historia y propósito.

La historia dentro de una escena es su razón de ser, el motivo por el cual existe en la historia más grande que la contiene. De la misma manera en que un guion completo tiene una estructura clara, una escena no puede simplemente ocupar espacio sin una justificación dramática. Solo cuando se ha identificado cuál es la historia que cuenta una escena comienza el verdadero proceso de escritura, porque cada unidad narrativa debe responder a las mismas preguntas fundamentales que rigen el desarrollo de toda la obra: ¿cuál es la historia?, ¿cuál es la pregunta dramática que sostiene el conflicto?

La estructura narrativa, entendida en su totalidad, tiene un carácter fractal. Así como una historia completa está compuesta por actos, que a su vez se construyen a partir de secuencias, las secuencias se conforman de escenas, y cada escena responde a un conjunto de ritmos que marcan su desarrollo interno. En otras palabras, la estructura de la historia no es un simple esquema lineal, sino un sistema interconectado en el que cada parte refleja en miniatura el todo. Es por ello que, al analizar una escena, es crucial identificar no solo lo que sucede en términos de acción, sino cuál es el cambio fundamental que se produce en los personajes y en la historia general.

El drama se sostiene sobre preguntas esenciales: ¿qué quiere el personaje?, ¿por qué le resulta difícil obtenerlo?, ¿qué está en juego si no lo consigue? En cada escena, el espectador debe experimentar un interés genuino por el desenlace de estas cuestiones, inclinándose emocionalmente hacia un resultado u otro. El verdadero motor de una escena no es el acontecimiento en sí, sino el cambio que este provoca. Cuando una escena se construye en torno a la simple ejecución de una acción sin considerar su transformación interna, se corre el riesgo de caer en una narrativa plana y carente de profundidad.

Una escena, al igual que una historia completa, tiene una estructura interna compuesta por un principio, un desarrollo y un desenlace. En su inicio, se establece el estado previo al cambio; en el desarrollo, ocurre la transformación fundamental; y en el desenlace, se presentan las consecuencias de ese cambio. Al comprender este esquema, se vuelve evidente por qué la estructura narrativa se comporta de manera fractal y cómo cada escena debe integrarse en el flujo general de la historia sin perder su autonomía como unidad dramática.

Uno de los errores más comunes en la escritura de guiones es enfocarse exclusivamente en la trama y en la sucesión de eventos, olvidando que lo verdaderamente importante es la evolución emocional de los personajes dentro de cada escena. Es fácil quedar atrapado en la pregunta "¿qué debe suceder en esta escena?", cuando la cuestión más relevante debería ser "¿qué cambia en esta escena y por qué es importante para la historia?". Si se define con claridad el punto de llegada antes de comenzar a escribir, se abre la posibilidad de explorar múltiples caminos para alcanzar ese desenlace de la manera más convincente y efectiva posible.

En el proceso de reescritura, esta perspectiva adquiere aún más relevancia. Un principio clave en la edición de guiones es la regla de "entrar tarde y salir temprano", lo que significa que una escena debe comenzar en el punto más tardío posible dentro de la acción y terminar lo antes posible, eliminando cualquier exceso de información que no impulse el conflicto. Sin embargo, interpretar correctamente esta regla depende de la intención dramática de la escena. Si el enfoque está únicamente en la trama, la decisión de qué recortar puede ser arbitraria, pero si se toma en cuenta la evolución emocional de los personajes, la edición se convierte en una herramienta precisa para reforzar la historia sin sacrificar su impacto.

Para ilustrar este principio, podemos analizar la subtrama de Sylvie Russo y Bob Dylan en la película Un completo desconocido. En la última secuencia de su historia, la estructura narrativa se manifiesta de manera clara y efectiva. La secuencia comienza con Bob invitando a Sylvie al Festival de Música Folklórica de Newport, estableciendo la pregunta dramática de si volverán a estar juntos. A lo largo del desarrollo, vemos cómo la dinámica entre ellos se transforma, con Sylvie dándose cuenta de que no encaja en la vida de Bob, culminando en su decisión de marcharse. En la última escena, Bob intenta retenerla, pero Sylvie reafirma su decisión, dando cierre a su arco narrativo dentro de la historia.

Esta secuencia, que ocupa aproximadamente diez minutos de la película, es un claro ejemplo de cómo una estructura bien definida puede organizar la progresión dramática de una historia dentro de otra historia más grande. Dentro de esta secuencia existen escenas más pequeñas, cada una con su propio arco interno. En la escena final, Bob llega corriendo al ferry para detener a Sylvie, lo que plantea una última pregunta dramática: ¿podrá convencerla de quedarse? La escena avanza a través de momentos de tensión emocional, hasta que Sylvie confirma su decisión y se despide de Bob, cerrando su historia con él y marcando un cambio definitivo en ambos personajes.

Desde una perspectiva de escritura, este es un excelente ejemplo de cómo una escena se estructura alrededor de una pregunta dramática clara y una transformación significativa. Durante la adaptación del guion a la pantalla, se hicieron ajustes para enfatizar aún más la perspectiva de Bob, reforzando su arco emocional dentro de la historia. Estos cambios no alteraron el propósito original de la escena, sino que lo potenciaron, lo que demuestra la importancia de proteger la intención dramática de cada unidad narrativa dentro del proceso de reescritura.

Cada escena en un guion tiene una razón de ser, y es responsabilidad del guionista identificar cuál es su historia y qué transformación aporta a la narrativa general. Solo cuando se tiene plena claridad sobre esta intención se puede escribir con verdadera libertad, sabiendo que cada cambio contribuirá a fortalecer el impacto emocional de la historia en su conjunto.

Patricia Wonblitz

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